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La Coctelera

lagardera

10 Julio 2005

Militarismo-Nacionalismo made in USA

Los acontecimientos se producen a una velocidad que hace casi imposible concretar la noticia antes de que esta se haga obsoleta. La comunicación instantánea y el Internet se han hecho presentes para evitar el colapso informativo pero son tan exuberantes y graves los acontecimientos que estos novísimos medios apenas sirven de paliativos.
El cambio de actitud del pueblo norteamericano frente a la desapiada agresión contra Irak y la creciente tendencia en la población a rechazar la misma, no es en sí, la noticia. Más lo es la desafiante terquedad de Bush y su equipo por alcanzar un claro dominio en ese país mesopotámico, desvastado y ensangrentado en la más profunda miseria. Aunado a este doloroso escenario se nos revela, simultáneamente, otro que deja entrever las amenazas que se ciernen sobre el resto del mundo pero principalmente contra las naciones más vulnerables pero productoras de energía a partir de los hidrocarburos. El gobierno de USA, con su rechazo al acuerdo de Kyoto, está enviando un claro mensaje al resto del mundo: no va a tomar previsiones, no solo con respecto a la contaminación ambiental sino que va continuar estimulando, en el interior de su territorio, el consumo máximo, indiscriminado del petróleo como fuente de energía. Esto se puede leer también como una declaración de guerra. Dado que este recurso es finito, USA va a adquirirlo por la fuerza. A sangre y fuego, que es el modus operandi imperial
Hoy el planeta debe estar mordiendo la cifra de 6000 millones de seres humanos y para que el petróleo y otras fuentes de energía, así también el agua, pueda alcanzar para todos, es necesario racionalizar el consumo e inventar condiciones donde no sea necesario recurrir al exterminio de algunos millones de consumidores potenciales para hacer posible la sobre vivencia de los mas fuertes. Pero es este escenario, de “solución final”, el que alimenta los enfoques del neo-militarismo nacionalismo instalado en Washington desde el 2000. Existe todo un bagaje teórico que lo sustenta y ya en el ámbito académico Condi Rice, con absoluto desprecio por el resto de los negros, había afirmado que USA debe ir por sus intereses y colmar sus insuficiencias, aduciendo razones de seguridad, con la fuerza, a cualquier parte del mundo sin necesidad de justificarlo en nombre de la libertad o la democracia. Así que resulta extraño que todavía utilicen estas muletillas, libertad y democracia, para adornar las masacres de Afganistán e Irak. Esta posición esta claramente alineada con los enclaves de USA destinados para someter a los prisioneros políticos a horrendas condiciones infrahumanas de vejamen y tortura, como los casos denunciados en Guantánamo, Abu Ghraib, Afganistán, etc. Así como la suerte de la reportera del New York Times, Judith Millar, sentenciada a prisión por negarse a revelar sus fuentes de información. Esto último refuerza la percepción de una poderosa embestida contra la libertad de expresión que ya había sido denunciada, reiterativamente, por algunos periodistas y medios norteamericanos.
Mientras escribimos esto, están en pleno desarrollo los acontecimientos dejados por una serie de explosiones coordinadas que han sembrado a Londres de pánico, sangre y muerte. No deja de llamar la atención la masiva reacción de rechazo y repudio por este, sin duda, deleznable crimen, pero es necesario recordar que no menos deleznable es el crimen que británicos y norteamericanos han perpetrado durante catorce infernales años contra la indefensa población civil de Irak. Así como contra la gente inocente de Afganistán, con la excusa de que van tras la captura de una banda jefaturada por Osama Bin Laden. Estos ridículos argumentos solo están permitidos a potencias dotadas de formidables poder de fuego.
Todo indica, desde la retórica hasta la política interior, con mucho énfasis en la exterior, que en los USA se esta consolidando un militarismo-nacionalismo que pondría verde de envidia al mismísimo Hitler. Las coordenadas ideológicas son las mismas: una poderosa orientación chauvinista racista que sirva de combustible al odio y una insaciable voracidad por los recursos naturales y energéticos. Estos ingredientes sirven como factores de afinidad y cohesión con una Europa que nunca pudo sobreponerse a la discriminación, al prejuicio racial ni a sus propias experiencias de hambre. Europa se sentirá feliz con esta alianza de blancos para exterminar negros si, además eso, le asegura su migaja de pan.
En esto reside la mayor amenaza de este novísimo militarismo-nacionalismo made in usa, su capacidad, mediante chantajes e intimidación, para sumar aliados, organizar coaliciones internacionales bajo su mando militar para subyugar otras naciones por razones de geopolítica como en Haití y Afganistán o, simplemente, descarados motivos de saqueo imperial, como en Irak.
Nosotros, habitantes de países militarmente muy vulnerables pero dotados, unos más que otros, de grandes recursos hídricos y energéticos, enfrentamos el gran reto de asumir hoy mismo la defensa de nuestros países o posponer ésta para que lo hagan nuestros hijos y nietos. Esta prédica ha sido expresada muchas veces en Venezuela por el presidente Chávez: la asumimos nosotros hoy o se la “cargamos” a las futuras generaciones.
Nuestras capas medias y altas e intelectuales, piensan que el abanico de opciones va mucho más allá de éstas. La opción de la sumisión. Si, es cierto, solo que mucho antes de lo que puedan imaginarse, la sumisión va a producir el empobrecimiento de toda la población, incluyendo a los ricos de los territorios coloniales cuya cúspide piramidal mermará aceleradamente, tendiendo a una horizontalidad precaria y carencial. El neo-colonialismo es más insensible que los enclaves coloniales del pasado. Aquellos buscaban la expansión pero estos huyen de la escasez. El conquistador de hoy podrá prescindir de los pro-cónsuls. En el proceso de apoderamiento, el conquistador utilizará a los colaboradores pero éstos acabarán siendo una carga en un mundo administrado por corporaciones cuyas únicas motivaciones son las pérdidas y ganancias. Es propicio advertirles a los lacayos que ellos tampoco tendrán futuro en un sistema neo-colonial. En nuestra América Latina existen países reveladores de esta tragedia del entreguismo: a mayor sumisión, mayor miseria, más analfabetismo y muerte prematura. Un argumento más contundente: el único país latinoamericano que superó casi todos estos flagelos del subdesarrollo, se llama Cuba. En salud, educación, independencia cultural y económica, etc. y con una sistemática amenaza contra su seguridad territorial por parte de USA, amén del criminal bloqueo, que ha dificultado a este pequeño país para proveer a sus habitantes de una mejor calidad de vida en algunos aspectos como electricidad, agua potable y transporte. Maldiciones estas que sufren todo el resto de los países de nuestra región, incluso, por supuesto y principalmente, aquellos que subsisten arrodillados frente al imperio.
Existe una tercera opción, pero esta depende principalmente del mismo pueblo norteamericano: que en un acto de inspiración y conciencia colectiva, como un terremoto derribe esa super estructura de avaricia, odio y egoísmos entronizada en Washington.
Hoy Venezuela ha iniciado un camino que la convierte en un caso raro entre sus vecinos: cero analfabetismos, excelente asistencia médica primaria, participación masiva y dinámica de la población en todas las misiones lanzadas por el presidente Chávez. Algunas de estas iniciativas han sido posibles gracias a la decisiva y decidida cooperación de Cuba. Estas van desde las educativas, hasta las económicas, incluyendo producción agrícola y pecuaria y de defensa nacional. La recuperación de la industria petrolera y su conversión en una formidable palanca de desarrollo al servicio de todos los venezolanos. Una verdadera revolución de inclusión que, por supuesto, irrita a los protagonistas del pasado reciente, cuyos privilegios se asentaban en la exclusión de las mayorías y la explotación indiscriminada de los recursos del país.
El actual militarismo-nacionalismo gringo no goza de la embriaguez guerrerista, en los USA, como la que se apoderó de los europeos en los albores de la primera guerra mundial (1914) que es una de las grandes diferencias con el militarismo-nacionalismo de aquellos días que algunos analistas ven como semejantes. Hoy por fortuna, la gran mayoría de los pueblos del mundo, anhelan y luchan por la paz como en ningún momento en la historia. Esto no es óbice para que USA desate campañas de satanización contra las naciones que planea agredir, buscando minimizar las expresiones pacifistas dentro y fuera de los USA. Así como también recurre a las agresiones solapadas y apoyadas en mercenarios y segundos y terceros países para golpear con la muerte aquellos lugares elegidos como sus objetivos estratégicos. Ayer fue Nicaragua y hoy Haití. En esta última, metió su mano ensangrentada otra potencia: Francia. Y estas alianzas, entre potencias blancas, para derramar sangre de inocentes, solo confirman nuestras sospechas: aún cuando sean razones de geopolítica o económicas, está presente un sustrato de odio y racismo que lubrica estas cruzadas de tierras arrasadas.

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